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William Gomez Castedo

Soy William Gómez Castedo, o mejor WILLY GOMEZ, el tan afortunado, orgulloso y agradecido “Clon” de Adriana Eslava; y ésta es mi historia.
La razón y mi intención de compartir mi testimonio es demostrar que la vida NO termina con la pérdida de un ojo o alguna experiencia fuerte que hayamos tenido en nuestras vidas. Hay que seguir y perseverar; si estamos y seguimos aquí es para algo. Pudimos haber perdido un ojo o haber nacido sin él, pero todavía queda mucho para dar, por hacer y VER.

El sábado 6 de diciembre del año 2003, a las 3:30 de la tarde, me encontraba devolviéndome a la ciudad por la autopista norte, cuando en la calle 159 con autopista (sentido norte-sur) y frente a una mezcladora que se encontraba varada SIN ninguna señalización, mi vida se parte en dos y es el momento, como bien lo dice Germán Castro Caycedo en su libro QUE LA MUERTE ESPERE, en donde "los milagros consiguen que la muerte de una tregua" y gracias a esto, empezar a entender, apreciar, afrontar, amar y ver la vida desde un UNICO punto de vista, para así poder estar anhelando hoy ser instrumento de aquellos que nos necesitan.

Sufrí un trauma craneoencefálico severo; la nariz y todo el globo ocular derecho destruido, por consecuencia de quedar debajo de la mezcladora y todo el chasis de ésta en mi cara.

Estuve en estado de coma profundo por 15 días en donde los médicos daban 80% de probabilidades de muerte y 20% de quedar en estado vegetal, a consecuencia del grave daño cerebral que padecía; sin contar con las complicaciones que fueron apareciendo en el transcurso de esos días; como un hematoma en el lóbulo frontal temporal derecho del cerebro el cual hizo que me intervinieran quirúrgicamente extrayéndome gran parte de ésta importante sección cerebral, tuve neumonía y finalmente en mi vía respiratoria se me desarrolló la bacteria estafilococo dorado, los cuales al paso de los días pudieron controlar y me sacaron adelante.

El 22 de diciembre, salí de la Unidad de Cuidados Intensivos y fui remitido a hospitalización donde ya podía recibir visitas y donde posteriormente procedieron a la reconstrucción de mi cara.

Fue en esos días de recuperación y especialmente la mañana del 23 de diciembre de 2003, donde ya estando consciente y más o menos en mis cinco sentidos, pues todavía no estaba muy aterrizado en el mundo, cuando la doctora Olguita Toro junto con mi mamá me contaron que había perdido mi ojo derecho, en ese momento aterricé.

Para mí fue el fin de toda razón de vivir, el momento de mi ruptura de toda relación con Dios, el peor momento de mi vida, en donde inmediatamente empecé a pensar y sentir que iba hacer la vergüenza y el hazme reír de todo el mundo.

El mundo se me vino encima pensé con dolor y rabia que no era justo que en un segundo y a mis 23 años pasaba de ser una persona físicamente agradable, con muchos sueños aún por cumplir y vida por recorrer; a ser un tuerto feo, un discapacitado que iba a tener que caminar y andar por la zonas azules rodeado de lástima, humillado y derrotado perdiendo toda razón de vivir. Estaba muy resentido, dolido y decepcionado de la vida, de Dios no quería más sino morirme.

Fue unas horas más tarde; después de haber estado maldiciendo mí vida, de haber estado llorando, cuestionando el “porque a mí” , totalmente derrotado y lleno de rabia con Dios por haber permitido esto, con deseos de haberme quedado debajo de esa mezcladora y no haber querido salir de ahí mucho menos tuerto; cuando entra por la puerta de la habitación 3045 de la Fundación Santa fe, mí Angelito de la Guarda, Adriana Eslava hoy mi CLON (ya contaré más adelante porqué mi clon), esa persona que por circunstancias del trabajo de mi mamá llegaron a ser muy amigas, pues ahí estaba ella solidarizándose y queriéndome sacar adelante. Muy gentilmente, les pide a las personas que en ese momento se encontraban visitándome en la habitación, que por favor nos dejaran solos.

Fueron dos horas de regaño para calmar mi prepotencia y resentimiento del momento, para así hacerme entender y sentir por medio de palabras algunas dulces y otras muy fuertes que me enfrentaban con mi realidad, que el hecho de haber perdido un ojo y ser una persona tuerta no me hacía menos que cualquier otra persona y tampoco se acababa mí vida, al contrario comenzaba una nueva y tenía dos opciones:

1. O permitir que ésta tragedia me ganara y convertirme en un tipo acomplejado, resentido, mal agradecido con Dios por haberme dado una segunda oportunidad, cuando desde los médicos hasta mis seres más cercanos y queridos no daban un peso por mi vida y si sobrevivía iba hacer “Ficus Gómez” (como cariñosamente Adri me bautizó si hubiese llegado a quedar en estado vegetal).

2. O continuar con mis sueños y metas personales, volverme un ejemplo de fortaleza, vida y tenacidad entre mi grupo de amigos, familia y personas que a partir de ese momento me topara en mi camino; para así corresponderle a Dios por ésta segunda oportunidad de vida que me dio, siendo un instrumento y voz de aliento para aquellos que hayan vivido o estuvieran pasando por lo que yo estaba afrontando en ese momento, que era tratar de aceptar mi situación como persona tuerta, así tal cual ella lo estaba haciendo en ese momento conmigo.

Menos mal y gracias Adrianita, opté por la segunda opción. Ese día y hasta hoy fue mi última vez que lloré por mí situación de persona tuerta. Entendí que somos pocos los afortunados de tener 2 oportunidades de vida, que Dios no es el culpable de cosas así, son circunstancias que ocurren como consecuencia del libre albedrío de los hombres y entendí que no valía la pena del quedarme en el “porque pasan estás cosas” o “el porque a mí” , sino en el PARA QUE pasan estás cosas y para que Dios me dejó en este mundo; razones que sigo firme buscando y viviendo.

El 31 de diciembre salí de la clínica. Al cabo de los días, más exactamente el 15 de enero de 2004 en mí casa junto a mi familia, Adri me hizo parte del parche, me enseñó a entender y llevar con decoro y gracia este parche que ya hace parte de mi nueva vida, me enseñó hacer los parches. Ese mismo día nos hicimos y bautizamos oficialmente como CLONES.

La historia de los clones se remonta a que Mi Clon, pierde al igual que yo el ojo derecho, a la misma edad con meses y años que yo; el daño ocular fue exactamente igual al mío, el médico que reconstruyó y recibió a mi Clon el día de su accidente es el mismo que eventualmente me remiten a él para que reconstruya (como cariñosamente le llamo yo) mi ñoquito y como coincido con mi clon, nuestros ojos eran lo que más llamaba la atención de nuestras cara, hoy lo hace nuestro parche.

A partir de ese momento acepto mi nueva situación, no tengo otra salida que seguir adelante y volver mi parche parte de mi pinta diaria; pues si bien debajo del parche tengo mi prótesis y sin ánimo de ofender y con profundo respeto por aquellos tuertitos que usan su prótesis al aire, por estética y sello personal, YO considero que me veo y me siento mejor con el parche en vez de estar mostrando un ojo brincón como el que me quedó y el otro (la prótesis) tieso sin moverse.

Así empezó mi nueva vida. Ya llevo 3 años, 6 meses y 12 días (hasta hoy 18 de junio de 2007) siendo una persona tuerta, la cual no tiene porque caminar por las zonas azules de los discapacitados, la cual por tener un ojo no es menos que cualquier persona del común, ni el hazme reír de la gente o la vergüenza para los que me rodean o para mí mismo. Al contrario, mis sueños, metas y anhelos siguen siendo los mismos, lo único que si cambió fueron mis sueños personales; pues aparte de querer ser y estar trabajando para llegar a ser un excelente profesional, futuro padre y esposo de familia; a raíz de ésta experiencia y de todo el amor, apoyo que conocí durante mi accidente de muchísimas personas y de ver de lo que salí y de lo que pudo ser y gracias a Dios no lo fue, me di cuenta que las crisis pueden ayudarnos a descubrir muchos aspectos de nosotros mismos y a enriquecer nuestras vidas para así aportarlo al mundo y que muchas veces el dolor nos confiere sabiduría y una lección por aprender porque redescubrimos importantes valores olvidados; pues es exactamente lo que deseo y sueño hacer.

Porque cada vez que me miro al espejo y veo éste parche, con orgullo me recuerda que el amor de Dios sana y crea de nuevo, me recuerda ese compromiso personal e inmenso que tengo y quiero de ser el apoyo e instrumento para muchos que de una u otra forma me necesiten; porque segundas oportunidades tenemos pocos y si estoy aquí es para algo. El parche es vida, el parche es amor, el parche es querer compartir y servir aquellos que con mí testimonio les toque el corazón y quieran vivir y hacer parte del “parche”, porque como bien lo dijo Andrés Escobar antes de su muerte, “la vida no termina aquí” y todavía queda mucho por dar, hacer y vivir; con un ojo pero todavía respirando.

De corazón; muchas, muchas gracias por permitirme contar mi historia y tocar sus corazones, no está demás dejar claro que tanto mi corazón como mi ñoquito y mi parche estarán abiertos por siempre.

Willy Gomez | 18 Junio 2007

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