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Marcela Tomeo

En el 2009 recibí la llamada de una mujer desde Chile, quien llena de fuerza y asumiendo perfectamente su nueva condición, me contaba lo sucedido y me pedía le enseñara a hacer los parches “telefónicamente”.

Fue muy grato para mi, saber que a pesar de la distancia, había podido estar tan presente para apoyarla en su convicción sobre cómo afrontar una nueva forma de vida y sobre todo, de haberle podido colaborar, para que su familia y amigos, así lo entendieran.

Gracias a una invitación de Sancor Seguros de Argentina, viaje a Buenos Aires en Octubre de 2010 y pudimos “coincidencialmente” encontrarnos. Allí recorrimos las calles de Buenos Aires buscando los materiales necesarios para hacer su nuevo parche. Aquí esta su historia!!
Mi nombre es Marcela Tomeo, tengo 37 años, soy argentina y vivo en Chile hace 4 años con mi familia estupenda. Estoy casada, tengo dos hijos, Iván y Gianfranco, la luz de mi ojo y la fortaleza de mi alma. Lo que quiero regalarles comienza así…

El 9 de enero de 2009 a las 21.00 horas jugando al golf, una pelota impactó mi globo ocular izquierdo. Ésa fue la última imagen que tiene mi recuerdo de ese ojito que ya no está, allí se apagó como si una ventana se cerrara por la mitad. Mi esposo me tomó y me llevó al hospital. Yo tenía la certeza de que ese apagón significaba sólo una cosa: que estaba tuerta. Cuando el médico dio su diagnóstico, mi esposo se desplomó en una silla de la impresión… por el stress de la situación… no sé... pero yo no reaccioné, mi preocupación era él. El resto derramó las lágrimas que yo no pude.

Una tremenda paz me invadía, sentía el calor de mis afectos y una bendición que se me había otorgado. La estatua del Sagrado Corazón estaba a los pies de mi cama, estaba bien acompañada.

A la mañana siguiente, fui intervenida. Al volver de la sala quirúrgica, estaba esperándome toda mi gente y unas amigas colombianas me trajeron impresa la página de Adriana Eslava. Allí vi su relato y sus palabras marcaron mi Norte; y, para quien la conoce, sabía que me vería estupenda como ella. Su página me ayudó a explicar lo que me había sucedido a todos mis familiares que se encontraban en Argentina.

Sentía una belleza dentro de mí que nunca había sentido antes, estaba experimentando cosas nuevas, era el primer día del resto de mi vida. Usando el lema “ante todo el glamour”, me di a la tarea de ponerme en contacto con Adriana y, usando mis habilidades artísticas, aprendí a hacer mi parche telefónicamente, siguiendo sus instrucciones, que pude perfeccionar casi dos años después, pero esta vez frente a frente. Ese encuentro fue formidable había encontrado mi par y un regalo que hoy lo obsequio a quien quiera aprender hacer su propio PARCHE.

Hoy llevo una prótesis y ante la mirada de otros no se nota mi ojito artificial; pero, cuando me pongo mi parche, encuentro protección. Con él me siento segura porque cuando la gente me mira dirige su mirada a mi ojito sano, que es el que refleja mi alma, bendecida por Dios en mi nueva condición. El parche me recuerda la fragilidad de la belleza externa, porque es mi yo interno el real, el que me hace sonreír y sentirme plena todos mis días.

Estaba destinada a perder mi ojo y a ganar la vida. Así fue. Y lo vivo con la gratitud que me tocara a esta edad madura, teniendo bien en claro lo importante, que lejos ha de ser tener un ojo menos. Pienso sólo en lo que gané con mi nueva manera de ver la vida; aunque ya no tenga la profundidad, tengo el valor de enfrentarla, de vivirla a pleno y de ser feliz con lo que me rodea.

Ésta fue mi lección y elección.

Para recibir mi regalo pueden contactarme a marcela.tomeo@hotmail.com
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